Casi por casualidad empecé hoy a escribir en un cuaderno aquellos referentes que han marcado mi visión del mundo, especialmente en la arquitectura.
Me encontré con nombres como Yona Friedman y su intervencionismo social de la arquitectura, naïf pero visionario; Alison y Peter Smithson , investigando alternativas éticas, progresistas y populares de la modernidad; Bruno Latour, planteando la necesidad de redefinir los conceptos de soberanía en los procesos colectivos y plantear nuevas reglas metodológicas, o Hans Ibeling que, aunque no me creí nada, quedé fascinada por la capacidad de simplificación de “Supermodernidad: arquitectura en la era de la globalización”
La época estudiantil y los primeros años de vida profesional son esquizofrénicos moviéndose entre los referentes y su representación. A mí me tocó tener referentes sociales, colectivos e integradores que se materializaban en arquitecturas mediáticas.
Quizá el culpable de esto, aparte de una gran cantidad de bazofia en forma de publicación arquitectónica y sitios webs (salvemos algunos blogs y plataformas virtuales), sea la necesidad que tenemos de trabajar con certezas y dejar de lado las intuiciones, obteniendo trasposiciones literales poco adecuadas a los contextos.
Las certezas se construyen mediante referencias bibliográficas, técnicas y estéticas y dan seguridad y solidez a los argumentos y proyectos. Las intuiciones vienen del sentido común y aportan el ahora, lo que está ocurriendo en este instante, no lo que pasó o lo que debería ser.
Si paradójicamente buscase una referencia bibliográfica a la intuición, lo haría a través del situacionismo y de los TAZ (Zona Autónoma temporal) o los inmediatismos de Hakim Bey. También podría ser la teoría del caos y la emergencia, pero ahí hay demasiada retórica para ser abordada con pragmatismo.
Afortunadamente que el reciente encuentro con el trabajo de algunos grupos (ver Primer Encuentro de Arquitectura Expandida en Bogotá) y los proyectos de redes trasnacionales de colectivos que se andan gestando, me hacen volver a creer en que los procesos sociales y de integración pueden ser rigurosos, contextualizados con un enfoque intelectual pragmático, antirretórico y experimental.