El tono de algunos artículos de Lucas Ospina le sugieren a una un posicionamiento, no necesariamente opuesto, pero igual de claro y contundente. A mi desde luego me encanta leer su artículos, aunque tengo que abordar una batalla interna para no dejarme llevar por el purismo de algunas afirmaciones muy persuasivas (un poquito maniqueas!). Que sirva de ejemplo su famoso post en el que contrapone al curador (que debe ser un señor finísimo que no tiene ni aparato digestivo), con el gestor cultural (especulador cultural sometido a estadísticas, decisiones políticas y cuestiones económicas). A mi, a priori, el primer perfil me da sopor y el segundo, tal y como está expuesto no parece muy seductor, pero es mucho mas interesante cuando uno lo piensa bien.
A lo mejor tiene que ver con las acepciones contrapuestas del concepto especular (según RAE):
-1. adj.” Transparente, diáfano.” (¡que bello!)
-2. veb.”Efectuar operaciones comerciales o financieras, con la esperanza de obtener beneficios basados en las variaciones de los precios o de los cambios” .utilizado mayoritariamente en sentido peyorativo (lo es menos si se piensa en obtener beneficios mientras se obtienen cambios)
-3. verb. “Perderse en sutilezas o hipótesis sin base real” (¡que placer!)
-4. verb. ”Registrar, mirar con atención algo para reconocerlo y examinarlo” (observación empírica)
-5. verb. “ Meditar, reflexionar con hondura, teorizar” (pura física teórica)
Es posible que el gestor cultural de Ospina no aborde la relación política-poética en abstracto, como lo haría su curador, sino de forma especulativa*: contextualizado por cuestiones económicas, políticas, dinámicas de poder, etc. y articulándolo con la autorepresentación, el consumo, la venta de formas de vida, etc.
Algo parecido me pasa con el interesante (aunque abstracto y difuso) post dedicado a la Arquitortura Colombiana publicado en esfera pública. Estoy de acuerdo en casi todo: que no existe (auto) crítica arquitectónica, la endogamia, el rol de la Sociedad Colombiana de Arquitectos (extrapolable a los colegios españoles), que es preciso proteger el patrimonio inmaterial como las vistas a los cerros y que hay que ser muy cínico para sacar esta publicidad sin pudor. Pero si la crítica que se toma como ejemplo es la que se generó con el premio en la VI BIAU a Mazzanti por la biblioteca de España en Colombia, yo me retiro ahora mismo.
No es lo mismo la crítica en arte que en arquitectura, porque la relación de la ciudadanía con la arquitectura es mas cotidiana, una está obligada a con-vivir con/en ella y no tanto con el arte (aunque uno se pueda poner un cuadro de Picasso en la cabeza a modo de pérgola para resguardarse de la lluvia) y un debate arquitéctónico basado en un premio como ejemplo de crítica me parece pobre.
Lo que falta es la especulación* y la articulación profunda (que no subordinación) con el contexto político, visto como una realidad ineludible y especialmente condicionante en el ámbito de la formación y gestión de la ciudad. Yo pienso que el concepto está equivocado desde la base; lo que necesitamos, además de crítica, es que los jóvenes arquitectos talentosos que salen de las universidades no vean como única opción digna la del profesional creativo de look cool que malvive entre concurso y concurso perdido hasta la gran oportunidad que le llevará al estrellato de las revistas especializadas y las Bienales manoseadas, sino también la del gestor de ciudades (desde dentro o fuera de la institución) que, para cerrar el boucle, sería el equivalente de mi especulador cultural.
Elisa, que es una filóloga estupenda y que comparte mi emoción por el concepto del Especulador cultural, está haciendo un post en torno a este concepto, como artista invitada del club.
* (Especular como investigación, sondear nuevas posibilidades en el terreno de lo hipotético, según Chuz Martínez curadora del MACBA, ver post)
** También dejo el link uno de los textos de DesacuerdosI de Marcelo Expósito, sobre arte y política, que me encontré hace poquito y es otra referencia interesante en este debate.



